Un día, Oki le mostró a Mio un plano especial. En la parte superior había una palabra escrita con letras muy grandes: MAÑANA.
El plano mostraba cómo Mio podría acompañar algún día a nuevas islas desde el principio: desde el primer huevo hasta una isla cuyas promesas hubieran sido comprobadas.
Mio recordó su primera pregunta: —¿Ya puedo hacer eso?
Esta vez contempló el plano durante un largo rato y dijo:
—Esa es mi responsabilidad.
—Y no lo haré sin ayuda —añadió Mio—. Yo ayudo a convertir un buen plan en una isla confiable.
—Por ahora, este es nuestro objetivo —dijo Oki—. Pero todo buen objetivo comienza con una promesa clara.
Una mañana apareció un nuevo huevo de clúster en la playa.
A su lado esperaba un joven clúster que lo observaba con inseguridad.
—¿Ya puedo hacer esto? —preguntó.
Mio recordó sus primeros días. Se colocó a su lado, no delante de él.
—No tienes que saberlo todo tú solo —dijo Mio—. Tenemos planos, promesas, sensores y personas que asumen la responsabilidad.
Algo comenzó a golpear suavemente dentro del huevo.
Mio sonrió.
—Cuando estés listo, ayudarás a la siguiente isla a comenzar su camino.